Andrea
Valiente · Fuerte · Vigorosa
Mis papás me pusieron este nombre porque cuando lo escucharon, les gustó inmediatamente. Poco tiempo después, investigaron el significado y se enamoraron aún más de él.
A Leah Nicole,
mi hermana gemela que no llegó.
Fuimos dos, aunque solo una llegó al mundo.
Esta historia, también es tuya.
"שורשים — Shorashim. Las raíces que me dieron forma."
La comunidad judía está compuesta por inmigrantes que llegaron a Venezuela en distintas oleadas a lo largo de dos siglos. Todos vinieron con historias de desplazamiento, a buscar mejores vidas para ellos y sus descendientes.
Es por eso que surge la idea de "buscar mis raíces". Muchos de nosotros, producto de generaciones provenientes de múltiples sitios, tenemos que hacer investigación activa para saber de nuestro pasado familiar. Al hacerlo, tenemos datos, nombres, historias y muchas veces vacíos de información que aprendemos a aceptar como parte integral de nuestra existencia.
Agradezco a mi colegio y a este proyecto que hoy sé mejor quién soy — no porque aprendí sobre mí misma, sino porque aprendí de todas esas partes que son mías porque me las entregaron mis antepasados: a través de genes y de experiencias que espero poder honrar siempre en la historia que cuente a mis descendientes.
A pesar de todo lo que ha pasado en la historia, me doy cuenta de que cada uno de nosotros sigue siendo un importante eslabón en la cadena.
"Los que se fueron y los que se quedaron, tenemos el mismo núcleo."
Como resultado de la migración de judíos a Venezuela, la comunidad llegó a alcanzar cerca de 25.000 miembros entre los años 80 y 90. Sin embargo, como resultado de las difíciles condiciones políticas y económicas en Venezuela producto del Chavismo, la comunidad judía se redujo drásticamente y hoy quedan cerca de 5.000 miembros.
Pero para todos — los que se fueron y los que se quedaron — hay un núcleo común en sus vidas: el colegio y el club.
Solo los que experimentan la vida judía en Caracas entienden la significancia de estos dos lugares físicos que logran convertirse en lugares del alma. Todo sucede en ellos y alrededor de ellos, y en todas las familias hay recuerdos que los conectan directamente a estos dos sitios.
Son dos lugares que se convirtieron en protagonistas silenciosos, haciendo posible la existencia de miles de vivencias y recuerdos que tejieron un hilo común entre los judíos que estuvieron, están y estarán en Caracas.
"Una frase de Bolívar nombró nuestra primera casa."
En 1941, en una Caracas que apenas conocía a los judíos que empezaban a llegar de Europa del Este escapando del horror, Isaac Kohn — presidente del Centro Israelita de Caracas — y Hersch Knoll comenzaron a recolectar dinero, casa por casa, para fundar un Talmud Torá. Querían que los pocos niños judíos de la ciudad tuvieran un lugar donde aprender Torá, Tanaj y hebreo.
La idea creció. En marzo de 1946 se inició formalmente la campaña a favor del Fondo Escolar Hebreo de Caracas, en una reunión social organizada por Velvel Zighelboim. Se recolectaron 20.000 bolívares y se constituyó un comité de pioneros. El 15 de septiembre de 1946 abrió sus puertas el Colegio Moral y Luces "Herzl-Bialik" en una casa de la Avenida Ávila Nº 1, en La Florida. Fue la primera institución educativa judía del país.
El nombre no es casualidad. "Moral y luces son nuestras primeras necesidades" — esas son las palabras que dijo Simón Bolívar en el Congreso de Angostura en 1819, hablando de qué necesita una nación para construirse. La comunidad judía recién llegada eligió esa frase fundacional venezolana para nombrar su institución fundacional. Era una manera de decir: estamos aquí. Esta tierra también es nuestra.
A esa frase venezolana le sumaron dos nombres judíos: Theodor Herzl, el padre del sionismo moderno, y Chaim Nachman Bialik, el poeta nacional hebreo. El nombre completo dice todo lo que esa comunidad quiso ser: arraigo venezolano y memoria judía, en la misma respiración.
En 1952, después de seis años funcionando en una casa, el colegio inauguró su sede propia en la avenida Agustín Codazzi, urbanización San Bernardino. La construcción fue obra del ingeniero Nemesio Rodríguez, y la dirección entre 1947 y 1959 estuvo en manos de David Gross.
Comenzó como un colegio ashkenazí, pero con los años los sefardíes se sumaron al proyecto, y el colegio se convirtió en lo que hasta hoy es: el factor determinante de unidad entre los judíos venezolanos, sin distinción de origen.
Hacia 1967, las instalaciones de San Bernardino ya no daban abasto. La comunidad había crecido — llegaban familias del Medio Oriente, del Norte de África, de Europa — y se necesitaba algo más grande. Tres hombres soñaron lo que vendría: los hermanos Gonzalo y John Benaím Pinto, junto a David Katz. No solo imaginaron un colegio nuevo: imaginaron un centro completo, donde los judíos venezolanos pudieran aprender, hacer deporte, rezar, casarse y enterrar a sus muertos sin tener que dispersarse por la ciudad.
El 13 de septiembre de 1970 se inauguró el Colegio Moral y Luces Hebraica en Los Chorros. La Primaria abrió primero. En 1984 se sumó el Liceo. En 2002, el "colegio viejo" de San Bernardino cerró definitivamente y toda la comunidad educativa se concentró en Los Chorros.
Hebraica no es solo un colegio. Es el único centro social, cultural, deportivo y religioso de la comunidad judía de Venezuela. Es donde casi todos los judíos venezolanos de las últimas tres generaciones aprendieron a leer, a jugar fútbol, a celebrar Pesaj, a despedir a sus abuelos. Es el espacio referencial de una identidad que tuvo que construirse — en una tierra que no era la de origen — alrededor de un colegio que se llamó como una frase de Bolívar.
Y luego vino el éxodo. La matrícula del colegio, que llegó a tener cerca de 1.000 niños solo en primaria, cayó a 350 en 2014, y a 270 en 2015–2016. Las aulas se vaciaron. La infraestructura, diseñada para 2.000 alumnos, hoy alberga a una fracción. Muchos compañeros ya no están en Caracas — están en Miami, en Madrid, en Tel Aviv, en Buenos Aires. Pero Hebraica sigue ahí, en Los Chorros, sosteniéndose. Siendo la casa de quienes se quedaron, y la memoria de quienes se fueron.
"No soy la protagonista de esta historia.
Soy la voz que la cuenta.
Los protagonistas son ellos."
"Antes que cualquier historia, vienen los nombres. Y antes que los nombres, los apellidos que viajaron continentes para encontrarse en uno solo."
Valiente · Fuerte · Vigorosa
Mis papás me pusieron este nombre porque cuando lo escucharon, les gustó inmediatamente. Poco tiempo después, investigaron el significado y se enamoraron aún más de él.
Fuerza · Agilidad
A mis papás también les gustó este nombre. Querían que mis dos nombres tuvieran un significado relacionado con la resiliencia, por todo lo que aguanté en mi nacimiento.
Holanda
Represa de agua o río
Se les daba a aquellas personas que trabajaban en arroyos o en la distribución de agua potable a los hogares.
Besarabia · Moldavia
Hombre de Oro (Goldman) · Hombre de Montaña (Hillman)
Apellido proveniente de Alemania y países circundantes. Mis bisabuelos eran de la región de Besarabia que formaba parte de Rusia primero y de Rumania después de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente se ubica en Moldavia.
País Vasco · España
El lobo
Este apellido proviene de España, no es patronímico. Proviene de la lengua vasca euskera.
Imperio Otomano · Grecia
De Elías
Apellido de origen sefardí. Mi bisabuelo Delía era originario del Imperio Otomano, esa ciudad actualmente está en Grecia.
"Para que yo exista hoy,
ciento treinta y cuatro personas
tuvieron que encontrarse."
"Doce vidas que se cruzaron para crear la mía. Yo solo soy la que las nombra."
"Catorce años. Mi historia, paralela a la del mundo."
"Cuatro continentes. Seis países. Una sola sangre que termina en Caracas."
"Más de cien personas para que yo exista."
"Pero la sangre no es la única raíz.
Algunas se eligen.
Algunas se sostienen sin que nos demos cuenta."
"No todas las raíces son de sangre."
"La familia que se elige, también es familia."
"Hasta aquí te conté la mía. Ahora cuéntame la tuya."
Mi historia no termina cuando termina la página.
Empieza una nueva cuando tú entras en ella.
Estos espejos te muestran cómo nuestras vidas se cruzan.
Gracias por entrar a mi historia.
Que tus raíces te encuentren a ti también.
"Un baúl donde guardo cada mensaje que me dejaron al pasar por aquí."
Si llegaste hasta acá, deja tu huella en mi baúl.
Un nombre, un saludo, una historia tuya. Lo que quieras que quede aquí.
A quienes hicieron posible mi vida — y a quienes la siguen haciendo cada día.
Mi hermana gemela.
La que vino conmigo siete meses.
La que no alcanzó.
Por hacerme posible y por todo lo que han sido y son.
Por la familia que se elige.
Por seis años cuidándome.
Por estar en los días buenos y los difíciles.
Por enseñarme biología con pasión.
Por hacer que quiera ser médica.